Considerado parte del patrimonio etnográfico canario.

El origen del bordado en La Palma se remonta al siglo XVI, cuando La Palma fue un punto clave del comercio atlántico por el comercio del azúcar y la seda, y empezaron a llegar familias flamencas artesanas de Brabante, con técnicas avanzadas de bordado en seda, lino y oro, propias del Renacimiento europeo.

La adaptación local y consolidación de este arte llegó en el siglo XVII–XVIII, cuando, las técnicas flamencas se mezclaron con la cultura local y se empezaron a usar motivos más naturales y florales, adaptados al entorno isleño.

En los siglos XIX–XX, se incorpora a la tradición popular influenciado por el bordado portugués, francés y andaluz:

Se integra en la indumentaria tradicional de La Palma y en textiles domésticos: manteles, sábanas, pañuelos.

Consolidándose hasta nuestros días como una artesanía identitaria de la isla.